Vivimos unos tiempos en los que nos hemos dado de alta en tantos servicios y proveedores que ya no sabemos qué datos nuestros tienen ni dónde. Desgraciadamente ya no somos dueños de nuestros datos. A pesar de los esfuerzos por parte de las autoridades con normas como la GDPR a diario nos fríen a llamadas para cambiar de operador de telefonía o para ofrecernos 20 veces el mismo seguro que ya hemos rechazado 19 veces antes.
